Vender felicidad ya no es necesario

Vender felicidad ya no es necesario

Muchas marcas entendieron que ya no será necesario vender felicidad para llamar la atención de los potenciales clientes. La gran burbuja de una felicidad ficticia comenzó a pincharse y las empresas se tienen que limitar a usar sus logos y sus mensajes publicitarios simples y reales para conseguir un buen efecto.

Lo cierto es que antes la felicidad vendía y mucho, este boom de mensajes optimistas a toda hora se podía vincular de una manera directa a las crisis económicas, en momentos en que los países se encuentran atravesando un momento colectivo complicado, en ese momento recibir un mensaje lleno de optimismo puede ser efectivo.

Un claro ejemplo de ello fue el uso hasta el cansancio del cartel ‘carry on’ que se llegó a hacer viral o la aspiración de vivir una vida de color rosa y llena de felicidad aparente que se ofrecía desde distintos sitios

En los últimos tiempos parece que nos hemos obsesionados en vivir en una plena felicidad y todo lo que no va en línea con ello parece que se debía evitar. En época de crisis queremos tener solo alternativas que nos vayan a servir como un bálsamo.

Desde un comienzo se pudieron escuchar muchas voces en contra a esta cuestión, pero a pesar de estas críticas el concepto de eterna felicidad continuaba vendiendo, una especie de imán que arrastraba a las grandes y pequeñas marcas.

Entonces, las pregunta es, cómo hemos llegado a este momento en el que la felicidad dejó de ser efectiva. La crisis económica ya paso (o al menos un poco) y los consumidores se sienten mucho más seguros, lo que genera que sientan menos necesidad de un apoyo moral, ni una promesa de felicidad de todos los productos, servicios y marcas.

Los consumidores se volvieron más críticos, además de darse cuenta que no siempre se puede estar felices y asumir que la vida no siempre será de color rosa. La realidad es, simplemente, otra y hay que asumirla.

Actualmente podemos decir que la palabra felicidad se encuentra sobreutilizada en nuestro mundo actual, cuando todo el mundo emplea un término se termina volviendo aburrido, la promesa de la felicidad comienza a ser muy ubicua, muy poco exclusiva.

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