El mapa de oportunidades para nuevos polos de centros de datos en España

El crecimiento de la inteligencia artificial, los servicios cloud y el procesamiento de grandes volúmenes de información está acelerando la necesidad de infraestructura digital en Europa. España participa de esta expansión y empieza a dibujar un mapa en el que, junto a Madrid, otros territorios pueden encontrar oportunidades para captar nuevas inversiones. Pero la localización de un centro de datos no depende de una única ventaja. Energía disponible, conectividad de alta capacidad, suelo adecuado y talento especializado tienen que coincidir en un mismo emplazamiento. 

El sector ya ha ganado una dimensión significativa. Según el Informe Anual 2025 de SpainDC, España cerró ese ejercicio con 439 MW de potencia IT instalada en centros de datos comerciales de colocation e hiperescala, frente a los 355 MW de 2024, un incremento del 24%. En un escenario en el que se mantuviesen las condiciones actuales, la asociación estima que la capacidad podría alcanzar 2.537 MW en 2030 y movilizar 66.900 millones de euros de inversión directa e indirecta entre 2026 y 2030. Son previsiones, no capacidad construida ni inversión ya ejecutada. 

Centros de datos en España: La disponibilidad eléctrica, el primer filtro 

La energía se ha convertido en una de las variables que más condicionan la elección de una ubicación. No basta con que una comunidad autónoma produzca mucha electricidad renovable: un proyecto necesita capacidad real de acceso a la red en el punto en el que pretende instalarse, además de seguridad de suministro. 

La propuesta de planificación eléctrica española con horizonte 2030 permite apreciar la magnitud de esta nueva demanda. El Ministerio para la Transición Ecológica contempla atender 3,8 GW correspondientes a centros de procesamiento de datos, dentro de un conjunto mucho mayor de solicitudes de nuevos consumos en las redes de transporte y distribución. 

Este factor ayuda a explicar el creciente protagonismo de Aragón. Red Eléctrica finalizó en 2025 la ampliación de la subestación Espartal de 220 kV, en El Burgo de Ebro, con el objetivo de atender demandas de grandes consumidores industriales y tecnológicos. La compañía vinculó expresamente la actuación con el interés de nuevos proyectos y con el importante desarrollo de generación eólica y fotovoltaica existente en la comunidad. 

Aragón muestra así una de las claves del nuevo mapa: la generación renovable constituye una ventaja cuando va acompañada de infraestructura eléctrica capaz de canalizar nuevos consumos. No todas las zonas con abundancia de renovables reúnen necesariamente esta segunda condición. 

Otros territorios cuentan con activos energéticos que también justifican analizar su potencial, aunque no permitan anticipar por sí solos la llegada de centros de datos. Castilla y León, por ejemplo, tenía en 2025 más del 96% de su parque de generación correspondiente a potencia renovable instalada, mientras Red Eléctrica completaba la ampliación de cuatro subestaciones para aumentar la capacidad de integración renovable y reforzar el suministro. 

Castilla-La Mancha presenta igualmente una elevada penetración renovable: Red Eléctrica situó en el 84,9% su cuota de generación renovable al informar en 2025 de la puesta en servicio de la subestación de Calera y Chozas. Son condiciones energéticas relevantes, aunque no equivalen automáticamente a disponibilidad eléctrica para un centro de datos concreto, que debe evaluarse proyecto por proyecto. 

La fibra puede modificar la geografía digital 

El segundo factor es la conectividad. España dispone de una extensa infraestructura de fibra: a 30 de junio de 2025, la cobertura FTTH alcanzaba el 95,92% de los hogares, mientras las redes fijas capaces de proporcionar velocidades de al menos 1 Gbps llegaban al 94,90%, según la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones. 

Estas cifras son un indicador de la capilaridad de las telecomunicaciones españolas, pero no deben confundirse con las necesidades de un gran centro de datos. Este requiere enlaces de alta capacidad, rutas redundantes, proximidad a redes troncales y posibilidades de interconexión con operadores, nubes y otros centros. 

Madrid mantiene en este terreno una posición consolidada. DE-CIX registró 2,7 exabytes de tráfico intercambiado en Madrid durante 2025, una cifra que refleja el peso de la capital dentro del ecosistema de interconexión. 

Sin embargo, existen infraestructuras que pueden favorecer una mayor descentralización. En Sant Adrià de Besòs, Barcelona Cable Landing Station funciona como estación neutral de amarre e interconexión y está diseñada para alojar hasta ocho sistemas de cables submarinos. Además, dispone de rutas de fibra hacia centros de datos del área metropolitana de Barcelona. 

El País Vasco cuenta también con infraestructura internacional relevante. Telxius opera en Derio, cerca de Bilbao, un centro de datos situado a pocos kilómetros de la estación de amarre del cable transatlántico Marea en Sopelana. Según la compañía, Derio fue concebido para canalizar esa capacidad hacia los principales hubs digitales europeos. 

Estos activos no garantizan por sí mismos nuevos desarrollos, pero muestran que la proximidad a grandes corredores internacionales de datos puede convertirse en un elemento diferenciador cuando coincide con energía y suelo disponibles. 

Suelo: mucho más que disponer de espacio 

El tercer componente es territorial. Los grandes centros de datos necesitan parcelas capaces de admitir instalaciones de considerable superficie y de acomodar las infraestructuras eléctricas y de telecomunicaciones necesarias. 

Por eso, disponer de suelo no equivale simplemente a tener hectáreas libres. Importan su clasificación urbanística, los permisos, los accesos, la proximidad a subestaciones y redes de fibra y la posibilidad de desarrollar el proyecto dentro de unos plazos compatibles con la inversión. 

La combinación puede favorecer áreas metropolitanas secundarias, corredores industriales y municipios situados fuera de los centros urbanos, siempre que mantengan buenas conexiones con los grandes nodos digitales. Para estas localidades, el suelo puede convertirse en una ventaja competitiva, pero únicamente cuando las demás infraestructuras acompañan. 

El talento cierra el círculo 

La última pieza es el capital humano. Un centro de datos requiere perfiles de ingeniería eléctrica y mecánica, mantenimiento, refrigeración, telecomunicaciones, redes, sistemas, ciberseguridad y gestión de infraestructuras. 

España dispone de una base creciente de profesionales digitales. El Mapa de Empleo de Fundación Telefónica registró en un trimestre de 2025 más de 57.600 ofertas relacionadas con profesiones digitales, y cloud computing aparecía como habilidad requerida en más de 7.000 vacantes. Estas cifras corresponden al conjunto del empleo digital —no específicamente a centros de datos—, pero sirven para dimensionar la demanda existente de competencias tecnológicas. 

Universidades, centros de formación profesional y ecosistemas industriales pueden ser, por tanto, otro elemento para valorar la capacidad de un territorio de acoger estas infraestructuras. 

El futuro mapa español de centros de datos no se decidirá únicamente por dónde haya más sol, viento, fibra o suelo disponible. La oportunidad aparecerá allí donde energía accesible, conectividad redundante, terrenos viables, seguridad administrativa y talento puedan encontrarse simultáneamente.

Más Noticias

Dejar respuesta